Misa por el Techo, la Tierra y el Trabajo: ´Un Techo Para Todos´

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En el marco de la exhortación del Papa Francisco a pedir por los derechos al Techo, la Tierra el Trabajo, el Domingo 02 de Julio, la Pastoral Social de San Justo organizó una Misa en  ´Un Techo para Todos´, ubicado en el Barrio 22 de Enero.

La Eucaristía presidida por nuestro Obispo diocesano, mons. Eduardo García estuvo concelebrada por el Superior General de la Orden de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, padre Daniel Echeverria y los presbíterios  Claudio  Pulli (Asesor de la Pastoral Social), Basilicio "Bachi"Britez de Villa Palito; Nicolás "Tano" Angeloti del barrio 17 de Marzo y  Juan Carlos Quiñonez, de la orden de los Franciscanos.

Asistieron además diversos sacerdotes y religiosas que trabajan en la comunidad del "Centro Misionero Padre Pere Riera" y la "Fundacion Concordia".

De la Ceremonia participaron numerosos fieles pertenecientes a los  barrios y asentamientos cercanos como  los "Monoblocks y Complejos de La Tablada", barrio "Un Techo Para Todos" , barrio "Tierra y Libertad" y barrio"San Petersburgo", entre otros.

Durante la Misa se pidió especialmente por los derechos vulnerados a la Tierra, el Techo y el Trabajo. Se bendijo  rosarios y símbolos religiosos, además de las llaves de las viviendas y hogares de los presentes; particularmente las de aquellos  que recientemente contaron con refacciones en sus casas.

Posteriormente, mons. García  junto a los trabajadores del barrio encargados de las mejoras,  con el apoyo de la ONG ONDAC y Naciones Unidas (ONU),  como responsables de la ejecución final y financiación del proyecto del que también participa  la Secretaria de Vivienda Nación, recorrieron el lugar.
Para finalizar la jornada, en el Barrio "Las Antenas",  la compañía de teatro ´La Oveja Negra´ escenificó ´Indiscriminadamente Discriminados´, una obra que  busca generar un cambio en la relación a lo que se piensa respecto los ´otros´, los ´distintos´, difundiendo lo que son capaces de hacer a través de su compromiso con el arte, poniendo el cuerpo y corazón para ´hacer visible lo invisible´.



A continuación compartimos la Homilía de mons Eduardo García:

En la primera lectura una vez más se hace presente el amor providente de Dios que escucha el clamor del corazón del hombre. El sufrimiento siempre es malo. Dios nos llama a una vida buena, feliz. Jesús en su andar misionero no quería ver sufrir a nadie y sufría con el sufrimiento, especialmente con el de los más débiles. Jesús nunca buscó ni quiso para sí mismo ni para los demás el sufrimiento y la degradación. Al contrario, toda su vida consistió en luchar contra el sufrimiento y la raíz de mal que lo genera y que tanto daño hace a las personas.
El evangelio siempre muestra a Jesús en una lucha sin tregua contra el sufrimiento que se esconde en las injusticias, la enfermedad, la soledad, la desesperanza, la marginación o el mismo pecado. El libro de los Hechos lo define clarito y de pies a cabeza: “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal porque Dios estaba con él. Así fue Jesús: el ungido, elegido de Dios, hombre dedicado a desterrar el sufrimiento, erradicar la injusticia y contagiar la pasión por la vida, porque Dios, su padre que estaba con él, es amigo de la vida.



Pero como su vida no es un cuento rosa, no le fue fácil. Buscar el bien y la felicidad para todos le trajo muchos problemas con los poderosos de su tiempo que llevaron su vida a morir en la cruz. Está no fue una sorpresa en su vida, murió como vivió: dándose. Buscar el bien, la justicia desde la verdad iluminada por el amor trae muchos problemas. Jesús lo vivió en su carne, no fue un idealista trasnochado. No se puede estar con los que sufren y buscar el bien de los sufrientes de la tierra, sin provocar el rechazo y la hostilidad de aquellos a los que no les interesa cambio alguno, que se manejan por sus propios intereses, aquellos que como vampiros chupan la sangre de los que no tienen como defenderse. Es imposible buscar el bien, ponerse del lado de los crucificados y no verse un día «crucificado».
Y en eso Jesús no engañó a nadie ni lo ocultó nunca a los que querían seguirlo. «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí». Más claridad es imposible. No es una metáfora, es la cruda realidad que todos sus contemporáneos conocían. El condenado tenía que llevar la cruz donde iba a ser crucificado. «Llevar la cruz» era parte del perverso ritual de la crucifixión.
Jesús no anda con vueltas «Seguirlo es estar dispuesto a ser rechazado y crucificado. Jesús molestaba. Molesta la justicia a los injustos, molesta la verdad a los mentirosos, molesta la honestidad a los corruptos, molesta el trabajo a los vividores, molesta, la generosidad a los interesados, molesta el hambre a los satisfechos, molesta el reclamo a los incumplidores, molesta la sencillez a los cínicos, molesta la perseverancia a los mediocres.





Pedir Tierra, Techo y Trabajo a Dios no le molesta; es más lo quiere porque son aquellas cosas que siempre pensó y quiso para que sus hijos vivan con dignidad. Pero a los hombres les molesta porque enrostra la injusticia, la falta de sensibilidad, la inoperancia, los intereses cerrados de unos pocos, la falta de claridad. Vamos a seguir pidiendo porque creemos más en Dios que en los hombres…y el Señor dijo Pidan y se les dará…vamos a seguir pidiendo y molestando como la viuda del evangelio a la que el juez le hizo justicia con tal de no seguir escuchándola, vamos a seguir pidiendo para que no caiga en el olvido, frente a otras preocupaciones momentáneas y de cartón pintado, las verdaderas preocupaciones y necesidades, vamos a seguir pidiendo porque con la necesidad, con la vida y con la dignidad no se negocia. El riesgo está; el discípulo no es más que su maestro y por más que aprieten se podrán callar las voces pero la realidad seguirá hablando por sí misma y esa no se puede silenciar.
También damos gracias porque el clamor se escucha y se ha trabajado en estos últimos meses en el acondicionamiento de lagunas viviendas de este barrio. Es sólo un signo de que cuando se quiere, se puede.

Mons. Eduardo García
Obispo de san Justo

2 de Julio de 2017


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